La resurrección de la Mina Santa Bárbara

El Peruano, 22 de agosto de 2011
Por Luis Eduardo Podestá Periodista

En setiembre próximo, cuando queden absueltas algunas observaciones que ha formulado la Unesco, la mina de Santa Bárbara, en Huancavelica, llamada por los virreyes la ‘preciosa alhaja’ de la Corona Española, estará preparada para ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Así comenzaría un nuevo capítulo, esta vez luminoso y optimista, de la larga y trágica historia de cuatro siglos y medio de aquel asiento minero andino en cuyos socavones, cerrados desde hace más de 30 años, se cristalizaron las mayores riquezas de la Colonia y las peores tragedias del pueblo nativo de Huancavelica.

Su explotación se inició en 1566. Era la única productora de mercurio, también llamado antiguamente azogue y cinabrio, un mineral indispensable para la separación del oro y de la plata de los materiales con que están mezclados en la fase de extracción.

A 4,200 metros de altura sobre el nivel del mar y a unos 25 kilómetros de la ciudad de Huancavelica, cerca de la mina, está el pueblo fantasma de Santa Bárbara, que solo efectúa una tradicional y bulliciosa fiesta patronal, con fuegos artificiales, misa y masiva asistencia popular, en su aniversario, el 8 de diciembre, día de la Asunción de Virgen.

Ese pueblo abandonado está en trance de recuperación. La doctora Victoria Contreras Lacho, directora Regional de Cultura, dijo que en 2009 se desarrolló en la placita del pueblo, una festividad de Semana Santa, patrona de las tormentas y los prisioneros, coordinada con la diócesis y la comunidad campesina, que incluyó procesión y los ritos tradicionales.

En este momento, añadió la doctora Contreras, se elabora un registro de bienes de la iglesia del pueblo, donde se han encontrado invalorables esculturas de hace más de 400 años.

El interés mundial en que despierta Santa Bárbara radica en que sus galerías hay una ciudad subterránea considerada hace siglos una maravilla del mundo porque tiene calles, plazas, talleres, tres capillas donde se oficiaban misas, y hasta una plaza de toros, según describen los historiadores.
Durante la Colonia, los socavones alojaron a cientos de trabajadores esclavizados. Cuenta la leyenda que muchas madres nativas deformaban a propósito las manos o piernas de sus hijos al nacer, a fin de que no fueran declarados aptos para el trabajo en Santa Bárbara, también llamada “la mina de la muerte” de donde no salía jamás quien entrara a trabajar en ella.

La mina fue uno de los más importantes complejos industriales, y sus métodos de explotación eran los más modernos del mundo de aquel entonces. Atraía a mineros y aventureros y su importancia fue tal que “los virreyes hacían viajes a ese lugar para dar órdenes personalmente y por ello se la denominaba ‘preciosa alhaja’ de la corona española”.

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Acerca de Lorenzo de la Puente

Abogado dedicado al Derecho Ambiental y Administrativo
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